No quiero ni pensar el trabajo que habrá implicado tallar todas las letras del abecedario (excepto la eñe) en el carboncillo de estos lápices. Toda una proeza y una obra de arte que, debo confesarlo, me encantaría tener. Una labor minuciosa llevada a cabo por Dalton Ghetti, quien ha hecho un trabajo maravilloso, no solo porque consiguió tallar todas las letras, sino por la forma en que está presentado el resultado, en pequeños lápices a punto de acabarse, de diferentes formas y (al menos aparentemente) gastados por el tiempo y por el uso.
Y si alguien se hace con esta obra de arte, más vale que sea cuidadoso, ya que el grafito de los lápices resulta quebradizo y habrá que mantener el abecedario en una vitrina.
Genial.



