Cita con Rama, por Arthur C. Clarke

by Andrés Borbón on 24 June, 2010

in Literatura, Opinión

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Puede resultar un poco difícil de creer, pero aunque 2001, Odisea del Espacio es el libro emblemático y más conocido de Arthur C. Clarke, Cita con Rama me parece superior, desde muchos puntos de vista aunque la mayor parte de ellos son, por supuesto, completamente subjetivos.

He aquí una pregunta que me parece de lo más pertinente: ¿Qué hace que un libro de Ciencia Ficción sea grande? Y creo que la mejor respuesta que pueda dar no abarcaría la mitad de las razones que otros lectores puedan argumentar. Para mí, el mejor libro de CF es aquél que me enfrenta con lo desconocido en un entorno verosímil, creíble dentro de la ficción. Algo grandioso, inesperado y que esté lejos, muy lejos de lo que yo hubiese podido imaginar, o que de alguna forma encarne mis fantasías más exóticas.

Pero el punto clave es, como decía, la verosimilitud. No es necesario que creamos que lo que el autor nos está contando sea verdad, pero sí que debe ser verdad en el contexto de la obra, y hay algunos autores tan hábiles que son capaces de llevar esta verdad dentro de la mentira a extremos insospechados. Arthur C. Clarke, lo he dicho ya con anterioridad, es uno de ellos y lo demuestra plenamente en esta novela genial llamada Cita con Rama, en donde los astrónomos descubren de pronto que un cuerpo estelar se acerca peligrosamente al sistema solar. No tanto que pudiera hacer colisión con la Tierra, pero sí de una forma algo errática y cuyo comportamiento no se ajusta a los cánones establecidos.

(continúa tras el salto)

De pronto, lo que pensaban que se trataba de una estrella muerta resulta ser un cilindro enorme que gira sobre su eje, absolutamente liso y, evidentemente, fabricado por seres inteligentes.

Ya en este punto las cosas comienzan a ponerse interesantes, por lo que una nave que se encontraba más o menos cerca del lugar decide acercarse para echar un vistazo a este enorme trozo de un material que los exploradores son incapaces de identificar. Descubren que Rama (como es bautizada) es una estructura cilíndrica y hueca, tubular, con paredes gruesísimas pero que contiene un interior que nuestros intrépidos hombres del espacio deciden investigar, y lo hacen entrando a lo que parece no solamente una nave espacial, sino un entorno vivo y autosuficiente que va despertando poco a poco conforme se acerca al Sol y la temperatura comienza a subir en el interior de Rama.

El espacio aquí es insuficiente para narrar todo lo que sucede. Basta decir que en el poco tiempo que tienen los astronautas para adentrarse en el extraño objeto estelar, descubren cosas que desafían su credulidad. Evidentemente, se trata de una especie de nave espacial autosuficiente, que produce no solamente su propia atmósfera, sino su propios seres vivientes, que se mantiene limpia reciclando todo el material aprovechable y que tiene un destino desconocido para quienes la estudian. No cabe duda que el constante ambiente de incertidumbre contribuye en mucho al hipnótico interés que esta novela es capaz de despertar en el lector, y que la lectura acontece no con facilidad, pero sí compulsivamente, con la certeza de que el próximo capítulo por fin revelará el misterio de Rama.

Escrita en 1974, puede parecernos en algunos puntos algo ingenua, pero pensemos que han transcurrido más de 35 años desde que esta novela vio la luz, y que el hombre apenas tenía un breve tiempo explorando el espacio. Tomando en cuenta estas condiciones, Cita con Rama es un prodigio de precisión científica, de conocimiento astronómico, de aplicación de los conocimientos de aquella época a un entorno ficticio pero no por ello imposible. Poco probable sí, pero definitivamente no imposible.

Cita con Rama recibió todos los premios habidos y por haber: El Hugo, el Nébula, el Locus y el John W. Campbell, además de que tuvo tres secuelas: Rama II, El Jardín de Rama y Rama Revelada, todo ello debido al decidido entusiasmo con que los fanáticos de la ciencia ficción acogieron esta obra que, aún ahora, a mediados del 2010, sigue siendo una novela que lo deja a uno con la boca abierta, deseando más y absorto completamente en la maestría de Clarke para mostrarnos estos mundos tan extraños y tan atractivos, tan llenos de un misticismo científico (si es que existe tal cosa) y tan abrumadoramente atractivos.

Se trata de una novela lenta, demasiado para muchos, pero decididamente esta parsimonia en el ritmo fue cuidadosamente calculada por Clarke. Los hechos van dándose poco a poco, ya que las condiciones de Rama van cambiando con cierta lentitud. Los exploradores, tímidos en un principio, poco a poco van aventurándose más en este ambiente cada vez más extraño, pero siempre temiendo que sus actos desaten alguna acción hostil por parte de la nave. Por el contrario, Rama parece dejarse explorar libremente, y aunque las condiciones mismas de la nave implican algunos peligros, no están puestos ahí para ahuyentar a los curiosos, sino por las propias necesidades de este enorme trasatlántico que surca el espacio desde hace mucho tiempo sin un fin obvio (aparentemente). La zozobra constante de quienes se enfrentan a esta obra del ingenio alienígena tiene cada vez más razones para anclarse en el concepto de que Rama no es un simple transporte, sino algo mucho más complejo, una especie de salvaguarda de la vida, un sistema autosuficiente que persistirá a pesar de que las condiciones se tornen terriblemente adversas, de que la vida desaparezca.

En el corto tiempo que los exploradores tienen para aventurarse en el interior de Rama, es difícil sacar conclusiones, hacerse de una idea clara sobre el significado de esta, pero lo mejor de todo no son las respuestas que obtienen nuestros héroes, sino las grandes preguntas que plantea la existencia de Rama y los miles de respuestas que aparecen en nuestros cerebros tras la lectura de este libro indispensable en la bibliografía de un aficionado a la Ciencia Ficción. Creo que no exagero al decir que difícilmente el lector podría encontrar un libro mejor que Cita con Rama. Hay varios que están a su altura, pero mejor… lo dudo.

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