No hace falta decir que si una chica nos viene con el cuento de que se ha tomado algo que la ha hecho pequeña y luego otra cosa que la ha convertido en gigante, que escucha hablar a los animales, que ha visto a un hombre huevo suicidarse arrojándose de un muro, que ha conversado con una oruga sabia adicta al opio y que cuando camina hacia atrás en realidad está avanzando, terminaría inevitablemente en la casa de la risa.
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