Esta fotografía muestra el despacho de Albert Einstein, el físico teórico más famoso de nuestros tiempos y una celebridad desde entonces hasta la actualidad. El viejo greñudo, sonriente y extravagante ha sido motivo de muchas obras literarias, películas, biografías y, por supuesto, trabajos científicos. Su vida privada y su vida pública siempre han estado bajo el lente de quienes lo admiramos.
La foto fue tomada por Ralph Morse, quien de alguna manera se las arregló para tener acceso a la ceremonia fúnebre del genio. Era fotógrafo de la revista Life, pero uno de los hijos de Einstein le pidió que guardase la fotos, que no las publicara por respeto a la privacidad que deseaba la familia del genio. Life guardó las fotografías durante 55 años, pero finalmente decidió darlas a conocer. Muestran escenas del último adiós que se le dirigió a Einstein pero la mejor de todas, por lo menos para mi, es la de su estudio: Un amasijo ininteligible y aparentemente desordenado donde trabajó Einstein casi hasta su muerte.
Cuenta la leyenda que las últimas palabras del genio las dijo en alemán a una enfermera que no hablaba este idioma y que por tal motivo se han perdido para siempre.
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