Si a mi madre le hubiesen hecho un ultrasonido cuando estaba embarazada de mí, creo que el resultado habría sido muy semejante a este, solo que en vez de un vaso de Starbucks probablemente habría sido uno de Peet’s (lástima que esta cadena de cafeterías no opere en México, que yo sepa).
Este fin de semana tocó ver Shutter Island, titulada en español La isla siniestra donde el protagonista es Leonardo Di Caprio, quien interpreta al agente federal Edward Daniels pero que cuenta además entre su reparto con Mark Ruffalo, el genial Ben KIngsley, Emily Mortimer y Max con Sydow.
La trama está muy bien armada y se basa en la novela del mismo nombre escrita por Dennis Lehane y que, en breve, trata de una isla que al mismo tiempo es una penitenciaría psiquiátrica, un lugar donde recluyen a los criminales más peligrosos, aquellos con los que las prisiones comunes y corrientes no pueden lidiar.
Un artículo de reciente aparición en Times Online narra cómo un grupo de científicos franceses reconstruyeron el cráneo de uno de los cinco esqueletos hallados en la cueva de Cro-Magnon en 1868 (lo cual dio nombre al fosil: El hombre de Cro-Magnon) y que son algunas de las muestras más antiguas (y mejor preservadas) del hombre moderno.
Tras reconstruir el cráneo digitalmente, los científicos crearon un modelo tridimensional del cerebro. Tras hacer esto, se llevaron una gran sorpresa: El cerebro del hombre de Cro-Magnon era 15 a 20% más grande que el nuestro.
Cuando se trata de la tecnología (así como de otras adicciones) siempre sucede lo mismo: Son pocos los que lo aceptan. Los adictos son los otros. Uno usa aquello para relajarse, para ser más productivo, como un hobbie, y la frase “puedo dejarlo cuando yo quiera” siempre sale a flote.
Algunos tecnoadictos dirán: No me importaría vivir en una isla desierta si hay una computadora, conexión a internet y FedEx para recibir los envíos de mis nuevos gadgets. Je, je.
Puede que el pobre diablo esté enfermo, que el día anterior se haya ido de juega con sus amigos al pub y se le pasaran las cucharadas o que, simplemente, se trate de un video falso, de un corto manipulado como tantos que hay en YouTube, pero si no es así, al menos el guardia ha demostrado su profesionalismo al continuar con su trabajo no importando las condiciones en que se encuentre. Finalmente, “el show debe continuar” y a este pobre le tocó quedar inmortalizado en la red para que podamos especular al respecto.
Toda proporción guardada, escribo este post con una migraña marca tres chamucos. Dos ibuprofenos, un sydolil y, finalmente, tres tabletas de ketorolaco apenas han hecho algo para aminorar el dolor pero, ¡qué demonios! ¡El blog es lo primero! (bueno, casi). Tal vez por eso escribo estas estupideces. Ustedes disculparán.
Oscar ha tenido una vida larga y plena, y ahora es famoso por ser el cerdo más viejo del mundo. Ha aparecido en televisión y hasta ha sido objeto de algunas fotos para tarjetas postales.
Se trata de un cerdo vietnamita que ostenta desde Diciembre del 2009 el récord Guinness al cerdo más viejo del mundo. Los cerdos, explica su dueña, Stacy Kimbell, suelen vivir entre 15 y 20 años, por lo que Oscar ha llegado al límite, pero aún se encuentra activo y saludable.
No cabe duda de que, a partir de la invención de Photoshop, ese programa tan útil para manipular imágenes, las fotos de OVNIs se han vuelto cada vez más convincentes. Los creyentes de estas apariciones casi fantasmagóricas argumentan que se debe a que más y más personas tienen acceso a una cámara fotográfica, y ahora casi cualquier teléfono tiene una pero yo me inclino por la teoría del Photoshop, que lo mismo sirve para quitarles las arrugas a la actrices que para crear ilusiones que engañan a nuestros ojos. Si con photoshop puedes envejecer o rejuvenecer unos años, ganar o perder algunos kilos o adquirir la musculatura de Schwarzenegger en sus buenos tiempos, ¿cómo va a ser difícil poner un platillo volador en una foto de baja resolución y luego borrar los rastros de tus fechorías?