Según Evan Forsch, el creador de este cartón (yo sólo lo traduje), parece que se puede saber mucho de una persona dependiendo de cómo aprieta el tubo de pasta de dientes. No es casualidad que esto constituya una de las mayores pruebas de tolerancia conyugal. Yo, en lo personal, enrollo el tubo como en la segunda imagen, pero la tecnocultita lo apachurra de en medio y he aprendido a quedarme calladito. Simplemente, arreglo el desperfecto para poder dormir en paz. Je, je.
Soy de lo peor… ¿y ustedes?
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