Todo un genio de trompetista este hámster, quien ha acudido a una audición y, por supuesto, ha dejado perplejos a quienes lo escucharon. Sin embargo, se emocionó tanto que se negaba a dejar el instrumento… y es que hay quienes se apasionan por lo que hacen y esto incluye a algunos hámsters.
Esta chica tenía un cuchillo de 15 centímetros clavado en su espalda y no sintió absolutamente nada.
La mujer, llamada Julia Popova fue víctima de un asalto mientras se dirigía de su trabajo a su casa. El criminal le arrebató el bolso y le clavó el cuchillo, pero ella estaba tan asustada por el incidente que no sintió ningún dolor. Todo esto pasó en Moscú, la capital de Rusia.
Cuando llegó a casa, sus padre sí que notaron el cuchillo y la llevaron al hospital, donde lo cirujanos consiguieron retirar el cuchillo sin que Julia tuviese ningún daño permanente. Si el cuchillo hubiese entrado unos centímetros más cerca de la línea media, lo más probable es que Julia hubiese quedado paralizada de por vida o que hubiera muerto.
De un tiempo para acá, me encuentro “deslaptosado”. Eso quiere decir que mi última laptop tronó por exceso de uso. Todas (sí, todas) las laptops que he tenido han terminado quemadas, y en algunos casos he perdido grandes cantidades de información, por lo que me he convertido en un freak de los backups.
La mejor laptop que he tenido (y cuyo disco duro se sobrecalentó y murió) fue una Vaio, por lo que es muy probable que si me compro una sea de esta marca, y recientemente han aparecido las de la serie E, que se ven bastante apetecibles, con precios que inician desde los 700 dólares y que tienen reproductor de Blu-Ray opcional. No son netbooks. La pantalla es de 15.5 pulgadas y traen discos duros hasta de 500 GB, buenas pantallas (aunque son glossy) y colores muy bonitos, como el verde de la foto, que me ha encantado.
En cuanto a otras características: Procesador de 2.4 GHz, hasta 8 GB de memoria RAM y bueno, algunas otras monadas que me tienen salivando como perro en carnicería.
Bueno, tal vez no sea de verdad, pero si no es el resultado de una sesión de photoshop, entonces se trata de uno de los adornos corporales más extremos que he visto.
¿Cómo hará para tomar agua?
Imagino que tendrá un pequeño tapón para insertarlo en el agujero y poder comer o beber, o taparlo con la mano, o beber inclinando la cabeza completamente hacia atrás.
Boussenard y Julio Verne no pierden una ocasión de instruir: en los instantes más críticos, cortan el hilo del relato para lanzarse a la descripción de una planta venenosa, de un traje indígena: Lector, yo saltaba los pasajes didácticos; autor, de ellos atiborraba mis novelas infantiles; pretendí enseñar a mis contemporáneos todo lo que ignoraba: las costumbres de los fueguinos, la flora africana, el clima del desierto. Separados por un golpe de suerte y luego embarcados sin saberlo sobre el mismo navío y víctimas del mismo naufragio, el coleccionista de mariposas y su hija se asían a un mismo salvavidas, levantaban la cabeza, cada uno emitía un grito: “¡Daisy!”, “¡Papá!”. ¡Ay!, un escualo rondaba en procura de carne fresca, se acercaba, su vientre brillaba entre las olas. ¿Los infortunados escaparían a la muerte? Fui a buscar el tomo “Pr-Z” del Gran Larousse, lo cargué penosamente hasta mi pupitre, lo abrí en la página deseada y copié palabra por palabra: “Los tiburones son comunes en el Atlántico tropical. Estos grandes peces marinos muy voraces alcanzan hasta trece metros de longitud y pesan hasta ocho toneladas…” Tomé todo mi tiempo para transcribir el artículo: me sentía deliciosamente aburridor, tan distinguido como Boussenard y, no habiendo aún encontrado la manera de salvar a mis héroes, dormité en trance exquisito…
Para salvar a su futuro suegro y a su novia, el joven explorador de “Por una mariposa” luchó tres días y tres noches contra los tiburones; al final el mar estaba rojo; el mismo, herido, se evadió de un rancho asediado por los Apaches, atravesó el desierto teniéndose las tripas con las manos y rehusó que lo cosieran antes de haber hablado al general.