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Una de las cosas más divertidas en el universo conocido (sin contar el Tetris, por supuesto), es hacer cadenas de piezas de dominó y verlas caer. Lo que fastidia, definitivamente, es ordenarlas, una por una, y resignarse a los inevitables accidentes, cuando nos tiembla el pulso y debemos empezar de nuevo, una y otra vez.
Este aparato, cuyo autor le ha puesto acertadamente Ouroboros, resuelve el problema y nos ayuda a eliminar la tediosa tarea de poner en pie las fichas de dominó, ya que estas se levantan automáticamente un instante después de haber sido derribadas.
Sin embargo, el aparato carece de un elemento fundamental: El reto, la incertidumbre. Basta presionar un botón y tendremos la certeza de que todo funcionará como es debido. Esto puede satisfacernos un tiempo, pero creo que no es un sustituto adecuado del verdadero juego, que pone a prueba nuestra capacidad de tolerar la frustración pero que también nos proporciona recompensas más intensas que las que una máquina como esta es capaz de generar.



