Duración del video: 4:12 minutos
El truco del espejo no falla. Siempre caigo en él. No importa cuánto me haya preparado mentalmente y que diga: Ahí viene… ahí viene… no brinques en el asiento… mantén cerrada la boca… ¡Siempre caigo!
Lo único que me consuela es que no soy el único. Mal de muchos, consuelo de tontos, diría mi abuela. Es fácil ver cómo la sala entera salta cuando usan el truco del espejo.
¿Por qué seguimos sobresaltándonos si sabemos lo que va a suceder? Bueno, pues la explicación es muy simple: Sabemos que en el espejo aparecerá un reflejo inesperado, pero no sabemos cómo será. Puede ser una persona, un monstruo o una sombra. Es su naturaleza lo que nos asombra, lo que nos sorprende, lo que nos toma con la guardia baja.
Si llego a los ochenta años, seguro que continuaré yendo al cine (o su equivalente en esa época). Y seguiré diciendo: Ahí viene… ahí viene… y saltaré en mi asiento cuando aparezca la imagen en el espejo, ¡si tengo fuerzas para ello!



