Esta chica cumplió 25 años y en lugar de hacerse un pastel para poner las velitas y apagarlas, decidió convertirse ella misma en un tributo incandescente a su cumpleaños.
Se insertó agujas en la piel del brazo y en cada una de ellas puso una velita. Las encendió, pidió algunos deseos y, tras apagarlas, las retiró.
Una forma ciertamente original (pero dolorosa) de celebrar su cumpleaños.



