En verdad que me da un poco de pena este pobre perro. Ha tirado el árbol de Navidad y todo parece indicar que se siente culpable… culpabilísimo, diría yo. No hay más que ver su actitud para entender que el pobre sabe que se ha portado mal. Je, je.
Aunque también cabe la posibilidad de que sea un bribón y que esté fingiendo una culpa que no siente para evitar el regaño… sólo él lo sabe.
Este es uno de los relojes más raros que he visto. Son comunes los relojes que tienen más de un reloj (que marcan más de un huso horario), pero nunca había visto un reloj que estuviera dividido en tres relojes.
Como se puede ver en la imagen, uno de los relojes marca las horas, otro los minutos y el tercero los segundos. Así pues, para saber qué hora es habrá que recorrer las tres carátulas y listo.
No soy de los que cantan en la regadera, ni de aquellos a quienes se les ocurren ideas mientras se bañan, pero conozco gente que sí, a quienes el baño los relaja y tienen ideas que después olvidan. Mi caso es aún más incómodo: Las pocas ideas originales que se me ocurren suceden cuando estoy acostado, poco antes de dormir, o cuando tengo insomnio y estoy dando vueltas en la cama tratando de conciliar el sueño. En alguna época, solía tener una pequeña libreta en mi buró para anotar estas “ideas”. A la mañana siguiente encontraba que casi todas eran tonterías, pero alguna que otra resultó rescatable. Ahora uso el celular para anotar esas cosas, pero en ocasiones tenía que levantarme de la cama o, simplemente, olvidarlo. Je, je.
Sé bien que todos los lectores de este blog (y de otros) son extremadamente pulcros y se lavan las manos con frecuencia. Sin embargo, a veces es un poco aburrido enfrentarse a la misma forma de jabón (líquido o en barra). Hay pocas opciones realmente imaginativas para este artículo de uso diario y he aquí algunos jabones tan bellos (o tan creativos) que hasta daría lástima usarlos, sabiendo que con ello los destruiremos.
A mí me sucede algo semejante con la presentación de algunos platillos: Le lleva tanto tiempo prepararlos al cocinero y están tan bellamente presentados que da lástima comérselos y echar a perder esa obra de arte.
Creo haber mencionado muchas veces que me encantan los separadores. Sin embargo, los uso poco porque tiendo a perderlos, o a dejarlos dentro de los libros. He comprado y me han regalado cientos de ellos, pero siempre es lo mismo.
Sin embargo, este separador me parece ideal para alguien como yo pues difícilmente lo perdería. Es una idea genial y, al mismo tiempo, la pesadilla de cualquier amante de la lectura: Un libro quemándose.