
¿No sabes que la conversación es uno de los mayores placeres de la vida? Pero se necesita no hacer nada. Antes, siempre había estado demasiado ocupado y, poco a poco, aquella vida que me había parecido tan importante empecé a encontrarla común y vulgar. ¿Qué pretenden con todo ese ruido y con esa lucha constante? Ahora pienso en Chicago y veo una oscura ciudad gris, toda de piedra, como una cárcel, y en una incesante agitación. ¿Y de qué sirve toda esa actividad? ¿Nos proporciona acaso lo mejor de la vida? ¿Hemos venido al mundo para correr a una oficina y trabajar, hora tras hora, hasta la noche, y entonces correr a casa, cenar, para ir después al teatro? ¿Es así como debo gastar mi juventud? La juventud es tan corta, Bateman… Y en mi vejez, ¿qué es lo que me espera? Otra vez correr de mi casa a la oficina, por la mañana; trabajar hora tras hora hasta la noche, y entonces correr a casa de nuevo y cenar; para ir luego al teatro. Esto quizá valga la pena si uno se hace rico. Depende del carácter de cada uno; pero, si no, ¿vale la pena entonces? De mi vida quiero sacar algo más que eso, Bateman…
─¿Qué es lo que aprecias de la vida, entonces?
─Me temo que te vas a reír de mí. Aprecio la belleza, la sinceridad y la bondad.
─¿Y eso no lo puedes encontrar en Chicago?
─Algunas personas, quizá; yo, no. ─Eduardo se puso en pie─. Te digo que cuando pienso en la vida que he llevado antes, me siento lleno de horror ─exclamó violentamente─. Tiemblo con espanto al pensar del peligro que he escapado. Nunca supe que tenía un alma, hasta que la encontré aquí. Si llego a seguir siendo rico la hubiera perdido completamente.
─No sé cómo puedes decir esto ─gritó Bateman indignado─. A menudo solíamos tener discusiones sobre esto mismo.
─Sí. Lo sé. Discusiones tan inútiles como las de los sordos sobre la armonía… No volveré nunca a Chicago, Bateman.
W. Somerset Maugham, La Carta, 1927
Tagged as:
Literatura,
Shots Literarios,
Somerset Maugham