Ser Supermán, el indestructible, el hombre de acero, el único superviviente de Kriptón, no debe ser algo sencillo, por lo menos desde el punto de vista práctico, de aquellas cosas que son cotidianas para nosotros pero no tanto para él.
Rasurarse, por ejemplo, debe ser un problema, igual que ir a la peluquería ya que sus superpelos mellarán cualquier navaja o cualquier tijera. Lo mismo sucederá con las uñas, tan fuertes y tan resistentes que no habrá cortauñas que les hagan el menor rasguño.
Siendo así las cosas, Supermán debería ser un individuo de larga barba, con las uñas de las manos y de los pies crecidas (y probablemente sucias), con una melena como la de Bob Marley y un olor difícil de ocultar ya que el indestructible sebo de su cuerpo será resistente a los jabones, shampoos y desodorantes.
No me sorprendería que con todas estas cosas en contra, nuestro héroe fuera de un carácter muy distinto a como lo pintan en los cómics y en las producciones hollywoodenses y en vez de ser un paladín de la justicia y un superhéroe con alma de filántropo fuera un paria, un ermitaño, un desterrado.
Pobre Supermán.
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