No recuerdo con precisión cuándo fue que descubrí Boing Boing, pero debió ser alrededor del 2002 o 2003 y, honestamente, no daba crédito a lo que veían mis ojos. La primera vez que navegué por sus páginas me pasé horas y horas leyendo, incrédulo, asombrado y un poco envidioso. Sencillamente, no entendía de dónde salían artículos tan interesantes, información tan sorprendente, abigarrada o peculiar, como le quieran llamar.
(en la foto: Mark Frauenfelder)
Boing Boing tiene ya diez años de existencia. Fue fundado por Mark Frauenfelder y Carla Sinclair, primero como una revista hace 20 años y posteriormente como un blog. Con el tiempo, Frauenfelder se rodeó de un equipo de primerísima calidad: En el lugar de honor se encuentra, por supuesto, Cory Doctorow, quien tiene alrededor de nueve años en el blog y es la columna vertebral de este directorio de cosas maravillosas. La pandilla de Boingboingers, como ellos mismos se llaman, está completada por la infatigable Xeni Jardin y por el no menos importante David Pescovitz.
Todos y cada uno de los bloggers que han construido Boing Boing serían superestrellas por derecho propio, pero unidos son invencibles.
Son muchos los blogs que han nacido con la intención de emular a Boing Boing, pero se les olvida que se requirieron muchos años, muchos cambios y mucha experimentación para llegar a construir un blog como este. Nada menos que 55 mil artículos y mucha paciencia, una enorme dosis de inteligencia y una capacidad de trabajo que parece inagotable.
Ahora Boing Boing se ha diversificado, hay bloggers que van y que vienen, han creado una serie de videos genial y hasta su propia sección de gadgets, pero lo que mantiene a Boing Boing en todo lo alto del espíritu de la blogósfera es su indiscutible compromiso con este oficio.
Los boingboingers no son siempre políticamente correctos. Están por la libertad digital y frecuentemente publican bobadas como gatitos haciendo monerías o series de fotos grotescas, textos minúsculos y apresurados o largas (larguísimas) reflexiones, pero se ve que lo hacen simple y llanamente porque lo disfrutan.
Un blog imposible de imitar, pero cuyo ejemplo es una enseñanza invaluable para cualquier blogger.
¡Larga vida a Boing Boing!



