La lógica, ese instrumento que a veces sirve de tan poco, nos haría suponer que el estilo de vida actual y el uso intensivo que hacemos de los reproductores de sonido estarían creando una humanidad sorda, pero no es así.
Por todas partes vemos gente con iPods, con Walkmans (o Walkmen), Zunes, etc. La gente escucha música en sus autos, con los audífonos conectados a la laptop o a los teléfonos celulares y, las más de las veces, lo hacen a un volumen más que respetable.
Un reciente estudio de la Universidad de Wisconsin, llevado a cabo en 2 mil individuos durante 10 años y que fue publicado en el número de enero del 2010 de la revista American Journal of Epidemiology dice que las probabilidades de padecer deterioro auditivo han disminuido en un 13 por ciento si somos varones y en un 6 por ciento en caso de las mujeres.
Y cuando tratan de explicar la razón de esto, especulan que a pesar de la presencia constante de música a alto volumen en nuestras vidas, la contaminación sonora ha disminuido en la industria y las enfermedades audiológicas se diagnostican más tempranamente, aunque a mí me parece que en realidad no saben el porqué de el curioso resultado que ha arrojado su estudio.
Aunque las buenas noticias son que no nos estamos quedando sordos.



