Pero ¿qué pensar de los que escribieron sobre esas cosas, dándoles realidad, inmortalizándolas? ¿No son más grandes que los hombres y las mujeres a quienes cantaron? “Héctor, ese dulce caballero, ha muerto”; y Luciano nos dice cómo en la oscuridad del otro mundo vio Menipo el cráneo blancuzco de Helena y se asombró de que por tan vil despojo todos aquellos navíos de proas curvadas se hubieran hecho a la mar, aquellos apuestos varones, de cotas de malla, fenecido, y aquellas ciudades con reductos hubieran sido derruidas.
Oscar Wilde, El Crítico Como Artista, 1891
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