
Cuando se trata del arreglo personal, ellas llevan la peor parte. Lo más complejo que nos toca hacer a nosotros los hombres es rasurarnos sin dejar ningún corte y listo. Lo demás podemos realizarlo hasta con los ojos cerrrados.
Ellas, en cambio, deben lidiar con cremas, maquillaje, medias, peinado y un largo etcétera que las hace demorarse… un poquito más (léase: una eternidad). Je, je.

Nota: ¡Pero quedan preciosas!
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