
He visto varios cartones parecidos a éste, donde los animales responden a los depredadores humanos pagándoles con la misma moneda, pero éste me ha gustado más que los demás, no sé por qué.
Tal vez lo curioso de esta caricatura sea la seriedad (o la indiferencia) con la que se conducen los protagonistas, o que el maletín del cocodrilo tiene aún el traje del humano puesto.
No soy miembro de PETA (aunque hay ocasiones en que me gustaría serlo) porque me parece un grupo que lleva las cosas al extremo, casi como los fundamentalistas, pero he de admitir que algunas veces tienen toda la razón del mundo, sobre todo cuando se trata de la crueldad con que son tratados algunos animales de quienes obtenemos preciados bienes, como la piel o la carne. En fin, que hay ocasiones en que la dignidad de los animales es pasada por alto sin motivo alguno.
Y para el goce de nuestras pupilas masculinas, una foto de Karina Smirnoff, quien prefiere bailar desnuda que usar pieles de animales. Je, je:




