Primero pensé que se trataba de una estupidez, luego pensé que el concepto resultaba interesante y, finalmente, me encantó.
Llegas a tu trabajo, abres el portafolios, el bolso o donde sea que lleves tus pertenencias. Luego sacas cuidadosamente tu Roca USB, desenrollas el cable con toda seriedad (deshaciendo cualquier nudo que se haya formado), conectas el artilugio al puerto USB de tu computadora y te pones a trabajar.
Si por alguna razón debes alejarte de tu lugar de trabajo, es importante que desconectes tu roca y la introduzcas en tu bolsillo para que nadie se quede a solas con ella.
De aquí en adelante tienes dos caminos: Inventar cualquier historia respecto a tu Roca USB (no tiene por qué ser siempre la misma): Es una unidad masiva de almacenamiento, un detector de proximidad, un ionizador de aire, un receptor cuántico, etc. O también puedes optar por la opción maléfica y sonreír amablemente cada que alguien se acerque a preguntar para qué sirve tu roca. Con el tiempo, tus compañeros de trabajo comenzarán a tejer marañas conspiranóicas y te ascenderán por miedo a los poderes desconocidos de tu roca o te mandarán al psiquiatra.
…porque la verdad es que la Roca USB no hace nada, absolutamente nada.
Puedes construir tu propia Roca USB o comprarla por 9.99 dólares
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