
Pero muchas personas honorables no se contentaron con aquella explicación; la historia del autómata les había impresionado profundamente y se extendió entre ellos una terrible desconfianza hacia las figuras humanas. Muchos enamorados, para convencerse de que su amada no era una muñeca de madera, obligaban a ésta a bailar y a cantar sin seguir los compases, a tricotar o a coser mientras les escuchaban en la lectura, a jugar con el perrito… etc., y, sobre todo, a no limitarse a escuchar, sino que también debía hablar, de modo que se apreciase su sensibilidad y su pensamiento. En algunos casos, los lazos amorosos se estrecharon más, en otros, esto fue causa de numerosas rupturas.
Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, El Hombre de Arena, 1817









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Pues dentro de poco no vamos a saber quien es organico y quien es artificial. A lo mejor vamos a preferir a los inorganicos :-s
Yo también dudaría más de los de carne y hueso :P
Una simple radiografía los sacaría de dudas, en vez de ponerlos a hacer circo maroma y teatro.
Bien “Yo, Robot”. Muy bueno.
jajaja pues se me ocurren varias maneras de comprobar si una mujer es o no de madera (cada quien dele vuelo a su imaginación, hasta donde alcance)…
Es cierto, por muy humanizada, no creo que sea capaz de …..
ni de …..
XD
Creo que hoy en día es mas plausible esas clases de dudas que en el siglo antepasado, porque ahora con tantas cirugias y demas porductos artificiales ya no sabes si lo que agarras es de verdad o implantado jajajaja
Jajaja… pobres de las mujeres! y qué con los hoombres??? con eso de la metrosexualidad, ya no se sabe, jeje