Un grupo de investigadores de la Universidad de Princeton encontraron que aquellos ratones que se ejercitaban corriendo regularmente resistían mejor el estrés que los ratones sedentarios.
Para llegar a esta conclusión, colocaron a todos los ratones en agua fría (lo cual odian), y luego midieron su actividad cerebral. Aunque todos los ratones estaban igual de estresados, aquellos que se ejercitaban regularmente tenían una actividad cerebral más calmada que los ratones sedentarios.
Es como si el estrés provocado por el ejercicio preparara a nuestros cerebros para las situaciones difíciles y aunque los resultados deben confirmarse aún en humanos, hay muy buenas probabilidades de que la situación sea semejante.



