Un experimento del que seguramente muchos de ustedes ya habrán escuchado hablar pero, bueno, una cosa es oírlo y otra verlo con nuestros propios ojos.
Lo único que se necesita es glicerina, una botella y un vaso, ambos de cristal.
El truco es muy sencillo: Dado que la densidad de la glicerina y el vidrio son semejantes, no hay refracción de la luz, por lo que los bordes del recipiente se pierden.
Sencillo pero efectivo, ¿eh?
Duración del video: 53 segundos
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