Esculturas hiperrealistas

by Andrés Borbón on 3 December, 2009

in Arte, Curiosidades, Sorprendente

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Siempre me han impresionado las esculturas hiperrealistas, ésas que representan al ser humano con tal fidelidad que nos hacen dudar que se trate de personas vivas o de una creación plástica. A veces, sólo el tamaño nos da una pista sobre su origen, pero en ocasiones ni esto ayuda y es necesario acercarse, oler y, si es posible tocar para corroborar que no hay vida en estos espejos de la realidad.

Lo más impresionante, a veces, es que los artistas del hiperrealismo componen esculturas que se muestran en actitudes cotidianas, como dormir, ir de compras o, simplemente, sentados en una banca mirando al vacío, como solemos hacer todos alguna vez. Es entonces cuando el voyerismo que todos llevamos dentro sale a flote y nos enfrenta al secreto pecado de ver sin ser vistos, de husmear con la mirada a pocos centímetros de ese objeto inanimado y que se parece tanto a alguien real. Una sensación que además de poner los pelos de punta, nos descubre físicos, tangibles y llenos de defectos.

Los creadores de estos portentos de la simetría cotidiana ponen a prueba no sólo nuestra curiosidad, sino nuestra capacidad de asombro. Construyen reflejos anatómicamente perfectos de personas y animales, dotándolos de un aura misteriosa al vestirlos de la misma forma que nosotros o mostrándolos desnudos, lo cual resulta aún más perturbador.

No son pocos los que se basan en modelos vivos, pero en lugar de embellecerlos, los muestran con todos sus defectos, con los estragos que provocan la vejez, la fatiga y el descuido físico. Lo opuesto a lo que estamos acostumbrados a ver y que nos viene de herencia desde los clásicos, que siempre prefirieron mostrar la belleza a la fealdad o a la crudeza de la verdad. Ver a un bebé de tamaño monumental, con el cordón umbilical aún conectado a su abdomen o a una mujer bajo las sábanas, ignorantes de nuestra presencia es demoledor para la imagen mental que tenemos de las cosas, para la forma en que percibimos no sólo a los demás sino a nosotros mismos. Hacer coincidir lo que estamos viendo con la representación mental que tenemos de las cosas es un ejercicio que en el mejor de los casos nos sorprende, pero que deja una huella profunda en nuestra memoria y muchas dudas en la conciencia.

El hiperrealismo no es en realidad un reto para nuestra capacidad de percepción artística, sino para nuestra cordura.

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