Desconozco el origen del mito sobre las rubias tontas y siempre he pensado que es un poco denigrante, pero que hace reír. En México tenemos otros mitos similares, como que los regiomontanos (habitantes de la ciudad de Monterrey) son codos (tacaños) o que los yucatecos son cabezones, pero ninguna de estas cosas son ciertas (o eso creo, je, je).
Bueno, pues el prejuicio de que las rubias son tontas ha sido el origen de numerosas bromas y, evidentemente, de productos dirigidos a hacerles la vida más fácil, como este cubo Rubik con el cual no hay problema a la hora de resolverlo pues, tal como se ve en la imagen (sí, hay un cubo junto a la rubia), es completamente rosa.
Este curioso video animado en stop-motion no tiene nada de inocente. Todo lo contrario: Hay una buena dosis de seducción, de sangre, tripas, violencia y, por supuesto, de esos monstruos a los que soy tan afecto: los zombies.
Los protagonistas del corto son una doncella, los zombies y una sierra eléctrica; eso les dará una idea de la trama, que aunque tiene un par de letreros en inglés, transcurre sin que los protagonistas digan una sola palabra… y ni falta que hace.
Jacob "Jake" Gillett, de 18 años, era un chico temerario, que constantemente se metía en problemas y que, inexplicablemente, salía con bien de sus aventuras.
Pero a todos se nos acaba la suerte tarde o temprano.
Jake escaló con sus amigos una montaña (Saddle Mountain) y cuando estaba en la cumbre, les dijo que los vería abajo, ya que planeaba deslizarse por una de las caras hasta el camino donde iniciaba el ascenso.
Unas horas después sus amigos llamaron a los servicios de emergencia, ya que Jake jamás se reunió con ellos. Tras 36 horas de búsqueda, finalmente rescataron el cuerpo del fondo de un precipicio, más de 300 metros debajo de donde comenzó su frustrada hazaña.
Premio Darwin: Concedido
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Los premios Darwin se otorgan a las personas lo suficientemente estúpidas como para morir en situaciones de riesgo provocadas por su poca inteligencia, pero cuya eliminación del mundo de los vivos impide que los genes de su estupidez se sigan transmitiendo.
Una jarra hecha especialmente para la leche, y para proporcionar a su dueño toda la experiencia “vacuna” al servirla en los vasos. Sólo falta que tenga una pequeña bocina que diga “¡Muuu!” al levantarla de la mesa, como esas tazas musicales que estuvieron de moda hace unos años.
No sé si la compraría, pero en todo caso el precio es más o menos razonable (22 dólares) y, seguramente, impresionaríamos a más de uno… aunque habrá quien encuentre este producto de mal gusto.
Si de casualidad no se trata de un fake (un engaño), entonces es la barba más impresionante que he visto jamás. Por desgracia, las probabilidades de que esto sea falso son, digamos, del 99.9 por ciento, ¡pero las historias de Asimov también son falsas y no por eso resultan menos divertidas!
Hace un par de años, escribí un artículo en este blog sobre El Acre de la Muerte, una instalación forense en la Universidad de Tennessee (a la que llaman también “La Granja de Cuerpos”) cuyo único objetivo es investigar lo que sucede con los cuerpos humanos tras la muerte: La forma en que se descomponen, cómo los afecta la temperatura, los bichos que se alimentan de ellos y, en general, todo aquello que puede pasarle a un cadáver tras la muerte.
El creador de un proyecto tan “interesante” es el Dr. Bill Bass, un pionero en su campo y cuyas investigaciones han ayudado de forma inigualable a los profesionales de las ciencias forenses, quienes usan los conocimientos generados por Bass y sus ayudantes para resolver crímenes. Es difícil leer un libro de Medicina Forense que no incluya decenas (o cientos) de referencias al trabajo de Bass.
Bueno, pues además de haber escrito cientos de artículos científicos y varios libros sobre la materia, el Dr. Bass ha incursionado en el terreno de la ficción con un éxito arrollador.
Este es un video de Jim Campbell, un artista que se ha dedicado a realizar animaciones con la menor cantidad de pixeles posibles.
Lo curioso de este video es que nuestro cerebro pueda reconstruir una escena con tan poca información disponible. Si detenemos el video en algún punto, es posible que no sepamos que se trata de un ser humano que corre, cae, se levanta y vuelve a correr. Es sólo cuando la serie de cuadros se hallan en movimiento que podemos ver la escena. Y es que nuestro cerebro es más hábil reconociendo el movimiento que las imágenes fijas, aún cuando el input es tan pobre.
De hecho, nuestro sistema visual es más complejo de lo que parece: Tenemos áreas del cerebro que reconocen líneas, otras que se especializan en colores y otras más que se activan con el movimiento. Todos estos datos, procesados de forma independiente, se unen en las llamadas áreas de asociación y nos permiten construir un escenario comprensible que, junto con los recuerdos visuales acumulados con los años, nos hacen capaces de entender lo que sucede a nuestro alrededor.