Una excelente pintura de Mark Ryden, algo grotesca pero que, por lo menos a mí, me hizo reír un buen rato. No cabe duda de que este artista tiene un punto de vista bastante ácido y crítico sobre los valores y modelos no sólo de la juventud, sino de los mismos niños. A ellos es fácil engañarlos… el problema es que algunos crecen y jamás perciben el engaño, la trampa.
Darren Daniels, de 22 años y quien vive en Florida (EUA), enfrenta cargos por crueldad animal tras estrangular a una rata blanca propiedad de su esposa.
Por ahora el muricida (¿o raticida?) se encuentra preso en la cárcel del condado de Volusia, Florida, y además de los cargos por el asesinato del roedor, enfrenta otras dos posibles condenas por golpear a su mujer y por resistirse al arresto.
Daniels se molestó con su esposa porque ésta se fumó el último cigarrillo que tenían. Para vengarse, tomó a la rata, golpeó su cabeza contra la superficie de un acuario y después la estranguló hasta matarla.
Al parecer Kaela, la esposa de Darren, es muy aficionada a los animales: En su apartamento se encontraron, además de la rata muerta, otras dos ratas, un acuario con víboras y lagartos y una gran serpiente pitón.
Moraleja: Ten a la mano suficientes cigarrillos o, mejor, deja de fumar.
Muchos aborígenes prehistóricos australianos pudieron haber derrotado al campeón mundial de los 100 y los 200 metros planos Usain Bolt.
Algunos hombres de la tribu Tutsi, en Rwanda, saltaban a una altura de 2.52 metros (el récord mundial es de 2.45 metros).
Cualquier mujer Neanderthal podría haber derrotado al hombre moderno más fuerte en un concurso de “vencidas”.
Los soldados de las legiones romanas recorrían hasta uno y medio maratones al día cargando la mitad de su peso en equipo.
Los aborígenes australianos eran capaces de arrojar una lanza de madera a una distancia de 110 metros o más (el récord mundial es de 98.48 metros).
Éstas y otras conclusiones igual de intrigantes son las que apunta el antropólogo Australiano Peter McAllister en su libro Manthropology, el cual tiene el subtítulo de “La ciencia del inadecuado varón moderno”.
Hace un rato que tenía guardada esta fotografía entre mis pendientes para el blog. Fue la foto del mes de octubre en el concurso que la revista National Geographic organiza mensualmente y no dudo que lo merezca. El autor es Anke Seidlitz y muestra un acercamiento al ojo de un gecko (también llamado “salamanquesa”).
Los colores son impresionantes y me recuerdan a la turquesa, sobre todo por las vetas que tiene en el iris. La pupila es también bastante extraña, vertical y con tres orificios circulares cuya función desconozco.
Imagino que no todos los geckos tienen ojos tan espectaculares, pero debo confesar que nunca había visto algo así.
En la línea de la youtubiana tradición del Lemur Dramático y de la Ardilla Dramática, he aquí un remake, pero cuyo protagonista es uno de esos gatitos con las orejas aplastadas que tanto parecen gustarles a los japos.
Es cuestión de preferencias, pero en lo personal sigo pensando que la Ardilla Dramática es inigualable, aunque el gatito no canta mal las rancheras. No es un video nuevo, pero tiene ya más de 2 millones y medio de reproducciones en YouTube y por algo será, así que decidí colgarlo.
Creo que voy a hacer la versión con El Blogger Dramático, a ver qué tal me resulta el experimento.
O… si alguien se arma de valor y toma la iniciativa, me comprometo a publicarlo. Je, je
Pues escribo esta entrada aún con las aletas puestas y arena en las orejas. Como suele suceder, ¡no sabía lo cansado que estaba hasta que comencé a descansar!
Lo confieso: No me conecté una sola vez. Fue una sensación extraña pasar semana y media lejos de la red y del blog, pero no fue tan grave como yo pensaba. Hubo algo de abstinencia, por supuesto, pero nada que una Piña Colada no pudiera remediar. Je, je.
Ahora estoy que me infarto: Más de 1,600 correos en mi casilla de email y varios miles de comentarios sin leer, pero me pondré al corriente lo más pronto que pueda, lo prometo.
A los lectores, muchas gracias por seguir visitando el blog y a los comentaristas: Mi más profunda gratitud por mantener este espacio vivo, vibrante y ameno.
¡Ouch!… ¡Cómo pica la arena! Creo que me daré un baño antes de ponerme a teclear como energúmeno.