Antes de que aparecieran los trenes, los aviones y los trasatlánticos, los viajes de un país a otro eran muy poco frecuentes. En ocasiones se limitaban a encomiendas oficiales o tenían un propósito netamente comercial. Como permiso para transitar, los viajeros llevaban consigo algún objeto especial otorgado por los gobernantes. En el antiguo Egipto, por ejemplo, los correos oficiales portaban un sello pequeño de piedra con el nombre del faraón. En el Oriente Medio, se trataba de un anillo con un símbolo oficial. Los romanos crearon el primer antecedente real del pasaporte: Entregaban salvoconductos (documentos escritos y firmados) que permitían a portador desplazarse por el imperio y, en ocasiones, manifestaban la solicitud de admisión a territorios ajenos.
Los pasaportes en la antigüedad
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