Un reciente estudio realizado por Suzzane Phelan, de la Universidad Politécnica de California, demostró que aquellas personas que habían perdido al menos el 10% de su peso corporal y que mantuvieron dicha pérdida durante al menos cinco años solían tener menos TVs en casa, más aparatos de ejercicio y, además, mostraban mayor preocupación por una alimentación sana, además de que solían comprar alimentos con menor contenido de grasa que aquellas personas que no habían conseguido perder peso o que lo habían recuperado pronto.
Todo esto no hace sino corroborar lo que dice el sentido común: Que para no subir de peso se necesita, además de voluntad, un cambio en el estilo de vida que influya positivamente en la alimentación y que disminuya las oportunidades para el sedentarismo.
Fuente | Imagen por Jason Baldwin
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