Me gustan muchas cosas -continuó Lucette con voz soñadora y melancólica, clavando el tenedor en los flancos de una trucha azul que, a juzgar por su forma convulsa y sus ojos desorbitados, debía de haber sufrido viva el atroz suplicio del fuego lento-, me gustan la pintura flamenca y holandesa, las flores, la buena cocina, Flaubert, Shakespeare, comprar, nadar, esquiar, los besos de las bellas y las bestias… Pero sin embargo, todo eso, todos esos placeres menudos, esta salsa y todos los tesoros de Holanda, no forman más que una fina cutícula bajo la cual no hay nada, absolutamente nada, salvo, desde luego, tu imagen… Tu imagen, que no hace más que ahondar en ese vacío y añadirle los sufrimientos de la trucha atormentada.
Vladimir Nabokov, Ada o el Ardor, 1969




