(7 de febrero del 2005, Malasia)
Los fuegos artificiales son una vieja tradición en la población china, y aunque están prohibidos en Malasia, los emigrantes chinos se las arreglan para fabricarlos y lanzarlos al aire en sus festividades.
Wan, un hombre de 29 años, pasó la tarde viendo cómo la gente lanzaba fuegos artificiales fuera de un centro nocturno en Kuala Lumpur. No eran fuegos artificiales comunes y corrientes, se trataba de verdaderos cohetes que se elevaban más de 30 metros en el aire antes de explotar.
Curioso, Wan decidió investigar cómo funcionaba el mecanismo y se inclinó para mirar por el tubo de uno de estos lanza-cohetes, sin darse cuenta que había uno con la mecha encendida, que salió disparado y arrojó a Wan a 10 metros de distancia debido a la fuerza del impacto.
El desafortunado Wan murió a causa de las severas lesiones en la cabeza que le produjo el cohete, pero al menos sació su curiosidad.
Premio Darwin: Concedido
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Los premios Darwin se otorgan a las personas lo suficientemente estúpidas como para morir en situaciones de riesgo provocadas por su poca inteligencia, pero cuya eliminación del mundo de los vivos impide que los genes de su estupidez se sigan transmitiendo.



