Lo peor de Bath era la cantidad de mujeres feas. No quería decir que no hubiera mujeres bonitas, pero el número de las feas estaba fuera de toda proporción. A menudo observaba en sus paseos que a una cara bella la seguían treinta o treinta y cinco esperpentos; y en una ocasión, parado al frente de una tienda en Bond Street, había contado ochenta y siete mujeres que pasaron una tras otra sin que entre todas hubiera una cara aceptable. A decir verdad, aquello había ocurrido en una mañana helada, de un frío que cortaba, algo de lo que apenas una mujer entre mil puede pasar la prueba. Con todo, en Bath había una aplastante multitud de mujeres feas; ¡y ni hablar de los hombres!: eran infinitamente peores. ¡Las calles estaban llenas de tales espantajos!
Jane Austen, Persuasión, 1818




