Flashbacks: Mi primera cita

by Andrés Borbón on 28 September, 2009

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isis

Era un adolescente tímido, así que la primera vez que tuve una cita formal con una chica, contaba ya con 18 años. Por “cita” me refiero a ir a algún lugar para bailar o comer o algo por el estilo.

Una amiga cercana me vendió unos boletos para lo que ahora se llaman antros, pero que en aquél entonces denominábamos discotecas. Pagué el importe poco a poco. Se trataba de un lugar caro pero famoso, y estaba de moda en aquellos tiempos. Aquello valía la pena, ¿no?

El colmo de las vergüenzas es que yo no tenía auto, ni licencia y tampoco sabía manejar, así que mi madre tuvo que llevarme. Pasamos por la chica y después nos encaminamos al lugar en cuestión. Teníamos unas cuantas horas, así que había que aprovecharlas bien y nos instalamos en un lugar tranquilo (bueno, lo más tranquilo que puede hallarse en un sitio así), pedimos algo de beber, pero no recuerdo qué fue. Sonaba música para bailar y, a pesar de mi resistencia a esta actividad, sabía que en cualquier momento tendría que pedirle que bailáramos.

Teníamos menos de 10 minutos conversando animadamente cuando comenzamos a notar mucho movimiento. Entraba gente cargando equipo en cajas, bocinas, una batería, guitarras eléctricas y en menos de 10 minutos se presentó un grupo de individuos con cabelleras hasta la cintura y el lugar se llenó de gente como el infierno en el juicio final. Dos o tres acordes de prueba, el típico “uno… dos… tres… uno…” y comenzó a sonar una música estruendosa, ensordecedora, llena de gritos tamborazos incansables y requintos a toda velocidad.

Resulta que el lugar “tranquilo” que habíamos elegido estaba justo frente a la banda, a menos de metro y medio, y sentíamos los tambores y las guitarras como si el sonido proviniera de nosotros mismos. Pensé en movernos de lugar, pero el sitio estaba atestado y no había una sola mesa libre. Ella sonrió, yo sonreí y no dijimos una palabra más, ya que aún gritándonos en la oreja era imposible escuchar lo que el otro decía. Mis fondos no eran suficientes como para decir: “¡Vámonos a otro lugar!”. Apenas tenía lo suficiente para pagar por lo que estábamos consumiendo, así que nos quedamos ahí, en medio de gente que brincaba frenéticamente, que coreaba las canciones y que hacía el signo típico de las bandas de rock, aquél que popularizó Ronnie James Dio, con el meñique y el índice levantados.

Un verdadero fiasco: La primera cita romántica de mi vida se fue al caño en medio de los acordes metaleros de un grupo al que después me hice aficionado y que se llamaba “Isis” (la banda mexicana, no la gringa).

A la hora fijada, salimos del lugar y mi madre ya estaba esperándonos con el motor del auto encendido. Cuando preguntó cómo nos había ido, dijimos “Bien” al mismo tiempo y ahí terminó la conversación y la cita.

***

Nota: La sección flashbacks está compuesta por retazos autobiográficos del autor de este blog.

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