Flashbacks: Sobreviviendo en Estocolmo

by Andrés Borbón on 21 September, 2009

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estocolmo

Hace unos años, tuve la oportunidad de viajar a Estocolmo para asistir a una serie de conferencias. Todo comenzó mal, ya que en el viaje de ida perdí la conexión París – Estocolmo y me quedé varado en el aeropuerto Charles de Gaulle más de 8 horas, en una sala casi vacía y helada, sentado en una banca de plástico anaranjado y mirando los aviones ir y venir.

Finalmente, llegué a Estocolmo, y mi novatez me hizo pedir un taxi en el aeropuerto para llegar al hotel. Estaba exhausto, tras casi 24 horas de viaje y cuando el taxista me dijo cuánto era, casi me muero. Era el equivalente a unos 200 dólares norteamericanos. Mis finanzas en aquél entonces estaban bajísimas, así que entregué las coronas suecas al hombre y me instalé en el hotel, donde la reservación no estaba hecha apropiadamente y tuve que poner mi tarjeta de crédito como garantía. Eso significaba que no podría usarla, pues mi saldo disponible apenas cubriría los días de hospedaje (que allá son carísimos), si los del hotel decidían hacer efectivo el voucher.

Pero las desventuras apenas habían comenzado.

Al día siguiente, bajé a desayunar (el desayuno, tipo bufete, estaba incluido en el precio de la habitación, por suerte) y huelga decir que comí como desesperado. De ahí, me dirigí en otro taxi al complejo donde se llevaría a cabo el evento, sólo para darme cuenta que mi inscripción no había sido tramitada. Para entonces, mis recursos económicos casi habían tocado fondo (ese segundo taxi me salió casi tan caro como el primero).

Para colmo de males, todo estaba en sueco y yo no entendía una sola palabra, y pocos, muy pocos, hablaban inglés. Aquél primer día me la pasé vagando por las calles centrales de la ciudad, con temperaturas bajo cero y lluvias intermitentes, con un hambre que me taladraba el estómago y con muy poco dinero en la cartera. Para probar suerte, entré a un restaurante, pero salí disparado cuando vi los precios de la comida. Estaba a más de 20 kilómetros del hotel y me dediqué a tomar fotografías de la gente, de los edificios, de todo.

En mis vagabundeos, descubrí una estación de metro (allá le llaman “tunnelbana”) y tras preguntar a varios extraños, hallé uno que me explicó, entre señas y una que otra palabra en inglés, cómo estaba el asunto. Compré un abono de transporte por una semana (el tiempo que estaría ahí) y me subí al cómodo, tibio y moderno metro de Suecia.

Pero el hambre apretaba.

Tras mucho investigar, descifrar aquellos nombres impronunciables y esquemas sobrepuestos (el tunnelbana y el tren se interconectan allá, lo cual complica un poco más las cosas) y equivocarme decenas de veces, finalmente llegué a una estación de metro cercana a mi hotel. En las inmediaciones hallé una pequeña tienda donde me aprovisioné de chocolates, frituras y las chucherías más baratas que encontré. Subí a mi habitación y me atiborré de comida chatarra hasta quedar harto mientras miraba el sol anaranjado ponerse sobre al horizonte de aquella ciudad de lagos.

Mi inscripción al congreso jamás fraguó (la empresa que me patrocinaba se desentendió del asunto), pero desarrollé un método de supervivencia: Desayunar hasta quedar como un globo, subir al metro, después al tren, bajar al azar en cualquier estación, tomar fotografías, caminar 12 horas diarias en aquél clima gélido, visitar todos los sitios que se anunciaran como gratuitos (sólo pude entrar una vez al Museo de Bellas Artes, ya que el precio era algo elevado) y… ¡comer en McDonalds! Increíble, pero cierto: McDonalds era la opción más barata de todas las que investigué (y fueron decenas).

Aquella hamburguesa diaria me sabía a gloria. Cuando le daba la primera mordida, era como si el paraíso descendiera sobre mi.

Durante aquellos 7 días fui un vagabundo mudo, muerto de frío, hambriento y solitario, armado sólo con una cámara y desterrado en Estocolmo… pero lo disfruté enormemente, me empapé de esa ciudad maravillosa y pasaron frente a mis ojos miles de imágenes que atesoraré por siempre.

***

Nota: La sección flashbacks está compuesta por retazos autobiográficos del autor de este blog.

A petición popular, unas cuantas fotos tomadas allá

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