El video es duro, cruel, brutal. Un testimonio de la forma en que los fotógrafos de guerra actúan como “buitres” y que, con tal de tomar una buena fotografía, son capaces de todo. En este caso, el realizador del video pone un toque melodramático al final, pero la realidad es que esto sólo sucede en la ficción.
Vienen a mi mente muchas fotografías de guerra famosas, como aquella donde un buitre espera para comerse a un niño desfalleciente de hambre, pero que aún se encuentra vivo.
Uno se pregunta si esas cámaras fotográficas no están tan manchadas de sangre como las manos de los verdugos.
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