Sé que probablemente a nuestras mascotas no les hace tanta gracia que los disfracemos. De hecho, es un poquito cruel hacerlos entrar en estas ropas, peinados y cascos, pero debo reconocer que el resultado me mata de la risa.
Además, en la mayor parte de los casos, los pobres parecen entender que lo hacemos sin mala intención y se portan pacientemente (y aparte, es fin de semana y ya saben que me pongo simplón) Je, je.
Fotos enviadas por María Laura (¡gracias!)
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