Comencemos por el principio: Adoro los comentarios.
Habiendo quedado esto claro, les comento, para quienes no lo sepan, que yo administro solo este blog. Es un blog personal, pues.
Recientemente, ha habido una explosión en los comentarios, lo cual me hace muy feliz, pero también me pone en un predicamento ya que aunque por lo general hay alrededor de 200 ó 300 comentarios al día, a veces se generan más de 1,000. Esto es poco en comparación con sitios más grandes, pero para mí, que no dispongo de mucho tiempo, es algo enorme, que me sobrepasa. A veces me da tiempo sólo de leer los comentarios, pero no de responderlos.
Pero el problema no es éste, sino la “fauna nociva” que ha comenzado a aparecer. Hasta el momento no había publicado ninguna “Política de comentarios” o “Política de Moderación” porque me parecía innecesario, pero ahora no sólo me parece necesario, sino indispensable… urgente.
Como saben, yo no tengo el menor problema en borrar comentarios, pero creo que hasta ahora he sido poco claro respecto a las normas, así que ahí voy:
Se borrará (sin previa advertencia):
- Cualquier comentario que ofenda al autor de este blog o a otro comentarista. No habrá aviso previo ni me tomaré la molestia de editarlo, simplemente se borrará. Si esperaban un ramo de flores con una nota de disculpa, siento decepcionarlos.
- Comentarios del tipo: “No me gustó”; “Me dio flojera”; “Qué entrada tan aburrida”; “No me gusta lo que escribes”; “Dedícate a otra cosa”. Están en la libertad de poner este tipo de comentarios (y hasta puede que esté de acuerdo con ustedes), siempre y cuando expliquen con toda claridad el por qué no les gustó, les aburrió, los aletargó o qué debería hacer yo con mi vida o con mi blog. Si no explican su punto de vista de manera convincente, el comentario no vale nada y tampoco contribuye a la discusión.
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