(Foto: Máscara Mortuoria de Jonathan Swift)
Al concluirse la comida, entró el ama, que amamantaba un niño de la labradora como de un año de edad. Apenas me vio la criatura principió a dar unos gritos tan terribles, que creo que se hubieran podido oír sin dificultad desde el puente de Londres hasta Chelsea. El me tuvo por un muñeco u otra chuchería semejante, y lloraba porque se lo dieran para entretenerse. La madre me levantó, y, poniéndome en sus manos, al instante me agarró, y al punto metió mi cabeza dentro de su boca, como es natural en aquella edad: mas no fue esto lo peor, sino que, asustado el niño por mis clamores, me dejó caer de pronto, y, a no ser porque la madre tenía puesto debajo su delantal, me hubiera roto la cabeza sin remedio. El ama, para apaciguarle, se valió de un juguete, que era un grueso pilar hueco guarnecido de unas piedras disformes, el cual pendía de la faja del niño por un cable muy fuerte, y, no bastando esto a aplacarle, recurrió al último arbitrio, que fue darle de mamar. Es preciso confesar que no he visto cosa en mi vida que me haya horrorizado tanto, ni sé con qué poder compararla.
Jonathan Swift, Los Viajes de Gulliver, 1729













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Aaaah, los viajes de Gulliver! Son la monda!!
Hay personas a quienes la última visión hubiese excitado descomunalmente…
Jajaja me encanta Los viajes de Gulliver jejeje asi debe de sentirse un ratoncito jajaja que miedo, aun no conosco a los gigantes pero cuando los vea evitare acercarme a los niños jejeje
nunca he leido ese libro, pero se ve muy interesante, ni siquiera sabia que existia, lo voy a buscar, gracias!