Seres Fantásticos: Incubus

by Andrés Borbón on 18 August, 2009

in Seres Fantásticos

Incubus

En el Medievo y hasta finales del siglo XVII, encontramos la creencia de que el Diablo puede transformarse en una hermosa doncella (succubus), copular con un hombre y guardar el esperma. Luego convertirse en hombre (incubus) y preñar a una mujer. El tiempo que transcurre necesariamente entre estas dos operaciones explica por qué el esperma del diablo es helado, como se lee en los más importantes tratados de demonología de la época, y como se desprendía acordemente de los testimonios de las brujas.

En el campo médico psicológico primitivo se define “íncubo” como un sueño de contenido angustioso, que presenta tres características principales, así como otras secundarias, no siempre presentes. En primer lugar, se manifiesta mediante una sensación de terror mortal; en segundo lugar, el durmiente sufre una fuerte sensación de opresión y asfixia en el pecho; finalmente, tiene la sensación de estar completamente paralizado, sin ninguna capacidad de moverse (lo que ahora se conoce como “parálisis del sueño”). Se pueden producir además poluciones involuntarias, palpitaciones, sudoraciones frías y otros síntomas. Puesto que a menudo esta experiencia angustiosa se relaciona en el sueño con algún ser monstruoso que sale del pecho del durmiente amenazando con matarlo, la causa del íncubo se ha atribuido desde la antigüedad a la acción de seres demoniacos reales.

Estos seres han tomado aspectos varios y formas más o menos definidas en las distintas culturas, con nombres distintos: el Efialtes griego, el incubus latino, los alemanes Alp y Mara, el azteca Chiuteteo, el australiano Mrart, el sudamericano Anhaga y otros. Por otra parte, del hecho de que a menudo el íncubo se manifieste también en relación con fenómenos sexuales, ha surgido la particular creencia de que los sueños sexuales corresponden a experiencias reales provocadas por espíritus de categoría subdemoníaca.

Paracelso afirmaba que era el flujo menstrual el que producía los fantasmas lujuriosos y consideraba los conventos de monjas verdaderos viveros de íncubos. El padre Pietro Sinistrari, por su parte, consideraba que los íncubos no eran causados por verdaderos demonios, sino por seres intermedios entre el hombre y el ángel.

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