Andrés Neuman
El viajero del siglo (2009)
Editorial Alfaguara
ISBN: 9786071102263
531 páginas
Este libro es de reciente aparición y tuvo el honor de ganar el Premio Alfaguara de Novela 2009. Su autor es el argentino Andrés Neuman quien ha publicado, además de esta, otras novelas, como: Bariloche, La vida en las ventanas y Una vez en Argentina.
La novela tiene 531 páginas, así que no se trata de algo que pueda leerse de una sentada. Trata, en resumidas cuentas, de un viajero que llega a una ciudad llamada Wardernburgo la cual tiene la peculiaridad de cambiar de ubicación constantemente. Lo mismo sucede con las calles, que parecen no ser siempre las mismas.
A pesar de que el viajero (Hans) tiene intención de pasar sólo una noche en Wardernburgo, termina quedándose bastante más tiempo. Una de las razones es, por supuesto, el amor. Cae presa de los encantos de Sophie Gottlieb, una antipática y libertina chica culta que organiza una especie de club de debates donde se habla principalmente de literatura.
Hasta aquí, el planteamiento de la novela es impecable aunque me recuerda sospechosamente la estructura de La Montaña Mágica de Thomas Mann y, de refilón, a Las Ciudades Invisibles, de Ítalo Calvino. Sin embargo, la obra de Neuman no tiene ni el poder de la primera ni la originalidad de la segunda. Más de la mitad del libro contiene lo que a mi parecer podría ser la transcripción de los debates que cualquier mediano grupo de intelectuales podría generar.
No dudo que la obra haya implicado un esfuerzo enorme por la cantidad de datos, citas, traducciones y puntos de vista que expresan los personajes. Pero el aspecto narrativo se empobrece a medida que sube el nivel de las discusiones académicas. No es, por supuesto, un libro ligero. Todo lo contrario: Se trata por momentos de un texto que me atrevería a calificar de pesado, tedioso y hasta snob.
No es un fenómeno nuevo. Muchos autores confunden narración e información, y El viajero del siglo está lleno de esta última.
Tampoco es un libro malo, pero en lo personal me parece lamentable que tanto esfuerzo no se viera acompañado de una historia mejor, o de elementos menos academicistas. Tardé más de dos semanas en leerlo y juro que fue a razón de más de un bostezo por página. Las interminables muestras de sabihondez de Neuman le habrán valido el favor del jurado del Premio Alfaguara, pero seguramente no sucederá lo mismo con los lectores. Si el objetivo principal de una obra artística es provocar emociones, Neuman falla. Si el objetivo principal es retratar una época, lo consigue medianamente. Y si el objetivo principal de una obra literaria fuera repasar datos librescos e históricos entonces Neuman ha triunfado.
Como puede verse, mi opinión al respecto de este libro es bastante ambigua. Admiro el enorme esfuerzo académico que debió implicar construirla y deploro que tanto conocimiento haya dado lugar a una obra que al 95 por ciento de los lectores los dejará francamente defraudados.
No dudo que haya quienes encuentren el libro disfrutable, pero yo, que leo sólo por placer, no creo que esta novela valga mucho, aunque si algún día quisiera empaparme (por alguna razón) de datos académicos y armarme con argumentos retorcidos, esta sería la obra de mi elección.
No me atrevo a recomendar el libro pero, como sucede siempre, hay lectores para todo, inclusive para obras como ésta que impresionan pero no convencen y que al final dejan la sensación de que se está perdiendo, poco a poco, la capacidad de producir libros memorables.



