Era la ex-novia de mi mejor amigo.
Hubo una época en la que, lloviera, tronara o relampagueara, me iba de fiesta cada semana y tomaba hasta embriagarme como un imbécil.
Ahora, no me hacen visitar un “antro” ni a empujones y apenas bebo… pero no siempre fue así.
Aquella noche, “la disco” estaba casi vacía. Un grupo de amigos y yo habíamos rentado el lugar completo, pero no vendimos casi ningún boleto y, por lo tanto, perdimos el capital que habíamos reunido trabajosamente durante meses.
Eran las dos o tres de la mañana y ahí estaba ella: La ex-novia de mi mejor amigo bailando sola en la pista, moviéndose cadenciosamente mientras todos (meseros incluidos) la mirábamos babeando como caracoles.
Era hermosa, y lo sabía.
De pronto, sin decir “agua va”, caminó hacia donde estaba sentado y me tomó de la mano, dando un pequeño tirón para que me levantara a bailar con ella. Yo era un flaco de anteojos, con tipo de nerd y prácticamente anónimo: La víctima perfecta.
Además, me había bebido media botella de tequila.
Mi mejor amigo (para entonces mi ex-mejor amigo) estuvo tratando de reconquistarla durante meses, sin éxito. Había elegido aquella noche para dar “El Gran Golpe”. Todo estaba fríamente calculado (hasta el mínimo detalle), pero aquello nos tomó por sorpresa.
Jamás confíes en las mujeres. Son capaces de echar por tierra el mejor plan del mundo.
Desde donde estaba, podía ver sus ojos enrojecidos por el alcohol viéndonos bailar (Bueno, ella bailaba. Yo, simplemente convulsionaba).
Cuando terminó la canción, me dio un beso en la mejilla, muy cerca de los labios y me dijo al oído: “¿Me llevas a mi casa?”.
Accedí, por supuesto, moviendo nerviosamente la cabeza de arriba abajo.
Cuando llegamos a donde vivía, me dio un rápido beso en los labios y dijo: “Le voy a contar que me besaste”.
Se bajó del auto y jamás la volví a ver. Tampoco a mi mejor amigo.
***
Nota: La sección flashbacks está compuesta por retazos autobiográficos del autor de este blog.
Otros Artículos Relacionados



