Lord Arthur Russell me dijo, muchos años después, que de pequeño lo llevó su madre a Knebworth. A la mañana siguiente, cuando se hallaba desayunando, vio llegar a un anciano de extraño aspecto, con una bata deslucida, que dio una vuelta alrededor de la mesa, mirando fijamente, y uno tras otro, a todos los huéspedes. Oyó al vecino de mesa de su madre que la advertía en voz baja: “No le haga usted caso. Se cree invisible.” Era Lord Lytton en persona.
Mrs. Huth Jackson, Una Niñez Victoriana




