Lo único cierto es que las energías que siempre puso en el ejercicio del odio no desfallecieron en ningún momento. Durante una visita que le hizo en el Cabrero Monseñor Biffi, Núñez le manifestó el deseo que traía de tiempo atrás de hacer una confesión general. El prelado le respondió preguntándole si se hallaba cabalmente dispuesto para un acto de tanta trascendencia. Núñez le respondió que sí. No obstante, el obispo volvió al ataque manifestando a su interlocutor que la condición inexcusable para que el sacramento tuviera plena efectividad sería el sincero perdón para todos sus enemigos. Núñez fue enfático en la respuesta. No perdonaría a ninguno de ellos, así tuviera que alejarse de los beneficios de la confesión general.
Alfredo Iriarte, Muertes legendarias, 1996














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“Lo único cierto es que las energías que siempre puso en el ejercicio del odio no desfallecieron en ningún momento”
¿Por qué será que odiar, a pesar de ser tan desgastante emocionalmente, nunca cansa?
El odio es más intenso que el amor…