Leante, Luis
La Luna Roja
Editorial Alfaguara, 2009
ISBN: 978-607-11-018-2
393 pp
La Luna Roja es la más reciente novela de Luis Leante, quien ganara el Premio Alfaguara de Novela en el 2007. Publicada en marzo de este año (2009) por la misma editorial que le otorgó su máximo (y deslucido) galardón, La Luna Roja es una novela compleja cuyos hilos parten desde varios puntos en el tiempo y que se sitúa en diversos ambientes geográficos: Turquía, España y Alemania.
No he leído la novela con la que Leante ganó el Alfaguara (Mira si yo te querré), pero a juzgar por esta novela, creo que tardaré algún tiempo en hacerlo. Mi principal queja de La Luna Roja es que a pesar de que la anécdota es más o menos simple, el escritor se encarga de complicarla hasta que, habiendo avanzado dos terceras partes del libro, uno tiene la sensación de encontrarse perdido y sin nadie que le eche la mano para reencontrar el hilo de la narración.
Las prosa de Leante es regular, sin nada que lo caracterice y que por momentos se torna francamente opaca.
No se trata de un libro emocionante, a pesar de que los protagonistas corren aventuras que pudieron haber sido contadas mejor, y tampoco se trata de una obra cuyos personajes dejen una huella clara en la memoria.
Me da la impresión de que Leante se esmeró en la estructura pero acometió la escritura con demasiada prisa y esmerándose poco en las palabras.
No es una novela mala, pero pudo ser excelente. Lo más notable de Leante, y lo que me dejó un poco perplejo fue que tanta imaginación diera tan poco fruto. Tal vez se trata de que mis expectativas estaban puestas un poco más arriba de lo que correspondía.
El título es hermoso, el inicio no es nada malo y trata, en resumidas cuentas, de 3 escritores: uno de ellos completamente loco y atormentado; otro que ha decidido esconderse entre las indignas sombras de un narcisismo lastimado. Y el principal es una pobre veleta que va a donde lo llevan los acontecimientos. Este último es René, el pseudoprotagonista de esta maraña que avanza y retrocede en el tiempo sin la menor consideración por el lector, sin ningún aviso y muchas veces sin necesidad.
Cuando llegué al final (página 393), tuve la absoluta certeza de que Leante actuó con alevosía, haciendo más complicada y espesa una novela que pudo ser simple, bella y emocionante, pues la historia es bastante buena.
Qué lástima que algunos escritores decidan complicar las cosas para impresionar a su público y lo único que consigan sea alejar a los lectores de sus libros.
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