Estos calendarios son algo extravagantes, y cada uno de ellos tendrá sus devotos y sus detractores. A fin de cuentas, se trata simplemente de medir el tiempo, aunque de forma original.
Pero habrá que verlos uno por uno:
Este es un calendario a la vieja usanza, en donde hay que arrancar una hoja cada día, con la única diferencia de que el calendario durará 20 años.
En este calendario (me despierta los instintos piromaniacos) hay que encender una cerilla cada día y esto hace que se queme el día, literalmente.
Uno de mis favoritos: Un calendario construido con piezas de lego. Los cubos indican el día, el mes y el día de la semana.
En esta calendario, no hay necesidad de escribir nada. Simplemente se oprime un botón y grabamos el mensaje con un recordatorio para cada día de la semana (o varios):
Este me gusta mucho también. Se trata de un calendario acoplado a un triturador de papel. Cuando el día termina, automáticamente la hoja queda destruida.
Un calendario en forma de cinta métrica donde podremos anotar nuestros pendientes con una pluma. Bastante práctico, ya que es reusable.
Un calendario que, me temo, yo me acabaría en pocos minutos: Con burbujas de plástico como las de las envolturas. ¡Pero se supone que sólo debemos reventar una al día! Frustrante.
Un calendario con conexión inalámbrica a internet y que se acopla con nuestro calendario de Google, para aquellos que desean ver gráficamente sus citas y su tiempo libre.
Este es el más cómico, pues se trata de una camiseta-calendario donde podremos anotar todo lo que tengamos que hacer (con letra minúscula, por supuesto). El único inconveniente es que para que sea útil deberemos traerla puesta el año entero y, por desgracia, el desodorante no viene incluido.
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