Era muy favorecido de un señor un criado suyo; éste le engañaba hasta el sueño, y a éste un criado que tenía, y a éste criado un mozo suyo, y a este mozo un amigo, y a este amigo su amiga, y a ésta el diablo; pues cogiólos la Hora y el diablo, que estaba al parecer tan lejos del señor, revístese en la puta, y la puta en su amigo, el amigo en el mozo, el mozo en el criado, éste en su amo y el amo en el señor. Y como el demonio llegó a él destilado por puta y rufián y mozo de mozo de criado de señor, endemoniado por pasadizo y hecho un infierno embistió con su siervo, éste con su criado y el criado con su mozo, el mozo con su amigo, el amigo con su amiga, ésta con todos y chocando los arcabuces el diablo, unos con otros se hicieron pedazos y se deshizo la sarta de embustes, y Satanás, que enflautado en la cotorrera se paseaba sin ser sentido, rezumándose de mano en mano, los cobró a todos de contado.
Francisco de Quevedo y Villegas, La Fortuna con Seso y la Hora de todos, 1650




