
Un buen día, Michael Jackson se tomó un buen coctel de pastillas y, queriendo o sin querer, se murió.
Para cualquiera de nosotros ─simples mortales─, aquello habría sido el fin de la historia. Al hoyo o al fuego y asunto terminado.
Pero no. El Rey del Pop sigue causando controversia y todo el mundo parece tener una opinión al respecto, además de que los medios de comunicación (este humilde blog incluido) no hacen mucho para aclarar las cosas.
Primero, está el asunto de la muerte. ¿Qué fue lo que lo mató? Sin duda, la fama tuvo mucho qué ver. En todas partes se habla de que era un esqueleto viviente, que estaba calvo, que su rostro era un amasijo de cicatrices provocadas por las cirugías y que tenía heridas en varias partes del cuerpo, además de las provocadas por quienes intentaron salvarle la vida.
En todo caso, Michael Jackson está muerto y algo habrá que hacer con su cuerpo, y es aquí donde la historia de su vida continúa rozando los límites de la extravagancia.
Unos dicen que quería ser congelado para que en un futuro hombres más sabios que nosotros lo resucitaran, pero esto es ya imposible. La congelación de un cuerpo, para ser efectiva, debe comenzarse a los pocos minutos de la muerte clínica, y el destrozado cuerpo de Michael Jackson ya no es candidato a la resucitación futura.
Otros dicen que Jackson había expresado su deseo de ser enterrado en el mar. Eso sería una excelente opción, desde el punto de vista de los peces, por supuesto.
Pero la más controvertida de las opciones tiene que ver con el perverso Dr Gunther van Hagens, quien se ha hecho famoso por sus cuerpos plastificados (aunque “plastilinizados” también sería un término correcto). La técnica consiste en someter el cuerpo a una serie de procedimientos que hacen que los tejidos sean sustituidos por poliuretano, lo cual conserva la forma y el color de los tejidos. Es, para acabar pronto, una forma de embalsamamiento (o de momificación, más bien), y a muchos les parece algo desagradable.
Hagens dice que hace meses la familia de Jackson expresó su interés en que el cuerpo del astro fuera plastificado.
Debo admitir que no carece de atractivo esta última opción pero, como en todo, hay quienes piensan que es un destino poco digno para el Rey del Pop terminar convertido en un muñeco de plástico.
Por mi parte, propongo que lo metan en una cápsula y lo lancen al espacio exterior para que vague por siempre entre sus hermanas, las estrellas.



