Besos pintados de carmín, por Sealtiel Alatriste (Editorial Alfaguara)

by Andrés Borbón on 24 June, 2009

in Literatura, Opinión

Besos pintados de carmin, de Sealtiel Alatriste

Alatriste, Sealtiel
Besos pintados de carmín
Editorial Alfaguara, 2008
ISBN: 978-970-58-0268-3
342 pp

Debo reconocer que jamás había leído nada de Sealtiel Alatriste. Este es, pues, mi primer acercamiento a su literatura. En la solapa del libro, leo que ha publicado siete novelas, que ha sido cónsul general de México en Barcelona y que es cinéfilo, amante del bolero y el melodrama.

“El carmín encendido de sus labios presagiaba que una violencia, oculta en cada paso, haría su aparición en cualquier momento.”

Esta frase, junto con algunos anuncios entusiastas, me animaron a comprar la novela. Hubiera preferido no hacerlo.

La trama, inverosímil y tediosa, se desarrolla a lo largo de 342 páginas divididas en capítulos, cada uno de ellos peor que el anterior.

En resumen, la historia, narrada desde la tercera persona, se fundamenta en un personaje que no tiene nada de particular y que Alatriste ha bautizado como Cástulo Batalla (o, simplemente, “B.”). Este hombre, a quien lo distingue su irrefrenable cachondez, ha perdido a su esposa (Edelmira) y acude con un mago chino de apellido Lee para que la traiga del mundo de los muertos ya que teme que en el más allá su adorada Edelmira se deje seducir por Gregorio, su compadre y quien también está muerto.

Lo que sigue es un enredo de muertos con vivos, vivos con vivos y muertos con muertos. La historia es simple y hubiera podido ser contada en 10 páginas, pero Alatriste decidió prolongar el suplicio 300 páginas más.

Me llevó casi dos meses terminar la novela y tal vez el único aliciente que tuve para hacerlo fue que me costó bastante cara. Alatriste se expresa de una forma coloquial pero introduce (con cuña) frases que imagina trascendentales. No hubo un solo momento en toda la novela en que me sintiera atrapado por ella y así como el inicio es confuso y banal, el final resulta un no-final.

Los diálogos son el único punto a favor, pero se pierden entre descripciones chabacanas, lugares comunes que se repiten hasta la náusea y cursivas que Alatriste propina a diestra y siniestra.

Va a pasar mucho tiempo (léase: una eternidad) antes de que desperdicie mi dinero en otro libro de este autor y creo que sólo lo leería si alguien me regala alguna de sus obras.

Si alguien tiene aún la intención de asomarse a estas páginas, piénselo dos veces o, mejor aún, no lo hagan.

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