
Los primeros días de permanencia en un lugar nuevo tienen un curso joven, es decir, robusto y amplio y son unos seis u ocho días. Pero luego, en la medida misma en que uno se "aclimata", se comienza a sentir que se abrevian; quien se interesa por la vida, o, mejor, quien desea interesarse por la vida, nota con espanto cómo los días se van convirtiendo en ligeros y furtivos, y la última semana ─de cuatro por ejemplo─ es de una rapidez y de una fugacidad inquietantes.
Thomas Mann, La Montaña Mágica, 1924



