No sé qué tan práctico sea un backpack de este tipo, pero seguramente al dueño no le importa y a mí tampoco me habría importado si los hubieran vendido cuando tenía 7 u 8 años. La cara de asombro y la envidia de los otros niños habría valido la pena cualquier incomodidad que provocara el escarabajo.
Bueno, a menos que comenzara a moverse…

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