Parece que alguien se la está pasando muy bien con este disfraz de vaca.
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Hugh Robertson y su hijo Donald Robertson, de 87 y 58 años de edad respectivamente, fueron encontrados muertos en la casa que compartían en Odham (UK) cuando uno de los vecinos espió en el interior de la casa por la rendija del correo y vio los cuerpos colgando del techo.
El padre padecía artritis, hipertensión y problemas respiratorios mientras que el hijo había sido diagnosticado con Distonía, una condición que provoca espasmos musculares involuntarios y que se habían agravado en los últimos tiempos, por lo cual abandonó su trabajo como dibujante
La última vez que los vieron, seis semanas antes, estaban bromeando y riendo, y nadie pensó que hubiese problemas entre ellos.
La policía halló dos cajas con documentos personales dirigidos hacia la familia y por lo que respecta a la investigación criminal, el forense ha dicho que no hay, a su juicio, posibilidad de que se trate de otra cosa más que de un suicidio de común acuerdo.
Tal vez no fuera que “no pudieran vivir el uno con el otro”, como lo insinúa el artículo de la BBC de donde tomé la noticia, sino que eran incapaces de cuidar el uno del otro. Tal vez (sólo tal vez) fue la desesperación y no el odio lo que los llevó a tomar esta terrible decisión.
Echando a volar un poco la imaginación, se me ocurre que un hombre de 87 años con artritis difícilmente habrá sido capaz de armar el nudo, asegurar las cuerdas y todo lo demás. Debió ser el hijo quien hiciera todo esto, y que después repitiera el proceso consigo mismo. Los lazos que unen a los suicidas son muy poderosos, y no creo que este caso haya sido diferente.
En todo caso, se trata de una historia bastante triste en cuya trama hay muchos huecos.
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Menos favorecida Francia en lo referente a asuntos de orden espiritual que su hermana la del escudo y el tridente, rodaba con suavidad encantadora pendiente abajo, fabricando papel moneda y gastándolo que era un contento. Bajo la dirección de sus cristianísimos pastores, permitíase entretenerse, además, con distracciones tan humanitarias como sentenciar a alguno que otro joven a que le cortaran las manos, le arrancaran con pinzas la lengua y le quemaran vivo, por el nefando delito de no haber caído de rodillas sobre el fango del camino, en un día lluvioso, para rendir el debido acatamiento a una procesión de frailes que pasó al alcance de su vista, bien que a distancia de cincuenta o sesenta varas. Es muy probable que, cuando aquel criminal fuese llevado al suplicio, el leñador Destino hubiera marcado ya en los bosques de Francia y de Normandía los añosos árboles que la sierra debía convertir en tablas que servirían para construir aquella plataforma movible, provista de su cesto y su cuchilla, que tanta y tan terrible celebridad ha conquistado en la historia.
Charles Dickens, Historia de Dos Ciudades, 1859
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La sexomnia es un tipo de sonambulismo en el cual la persona tiene relaciones sexuales mientras se encuentra dormido y después no lo recuerda. Como el sonambulismo común y corriente, la sexomnia es una parasomnia, un trastorno del sueño en el cual la persona puede realizar algunos actos como caminar, sentarse, buscar algún objeto, salir a la calle, subir o bajar escaleras o, como se ha explicado, tener actividad sexual.
El que padece de sexomnia no recuerda nada de lo ocurrido. Esto, por supuesto, puede llevar a algunas situaciones “embarazosas” (en todo sentido) y ser motivo de problemas en la pareja, pero por lo general se trata de un trastorno del sueño muy raro, y si el individuo busca ayuda especializada es posible eliminar esta curiosa “enfermedad”.
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Así como es sorprendente lo incapacitantes que pueden ser algunos defectos físicos, también impresiona el ver cómo algunas personas se sobreponen a carencias mayores, que en alguien con menos entusiasmo por la vida las tendría postradas en cama o en una silla de ruedas.
Esta mujer no tiene brazos pero es capaz, al parecer, de realizar cualquier actividad, por delicada que parezca y utilizando sólo sus pies. A lo largo del video, hay momentos en los que olvidé por unos segundos que se trataba de sus pies.
Duración del video: 9:51 minutos
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En cuestión de longevidad, las tortugas son las campeonas indiscutibles. La tortuga de las Galápagos es el ser vivo más longevo, con 193 años. Hay, sin embargo, algunos “superorganismos” que son de difíciles de clasificar y que también viven muchos años, como algunos tipos de coral, pero hablando de animales comunes y corrientes, estos son los que se llevan las palmas.
Los que más me sorprendieron fueron el cisne (102 años) y los gallinazos de cabeza roja (118 años). El ser humano, como puede verse, se encuentra a la mitad de la lista, aunque depende mucho de dónde se tome la cifra, ya que hay países con alta mortalidad infantil, lo cual disminuye el promedio de vida a unos 40 años.
| 1) Galápago (Tortuga) | 193 años |
| 2) Tortuga de Caja | 123 años |
| 3) Gallinazo de cabeza roja | 118 años |
| 4) Cisne | 102 años |
| 5) Loro | 80 años |
| 6) Ser Humano | 70-80 años |
| 7) Caimán | 68 años |
| 8) Búho Cornudo | 68 años |
| 9) Pez Gato | 60 años |
| 10) Salamandra Gigante | 55 años |
The Life Span of Animals – How Long Do Animals Live?
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