Tomada de la frase de Dickens: I don’t care I am a Minx or a Sphinx (No me importa si soy un mink o una Esfinge), de su obra Nuestro amigo mutuo.
A diferencia de otros servicios, no es un “acortador” de URLs, sino un “literaturizador” de direcciones, aunque también ofrece un enlace corto por si queremos introducirlo en twitter.
Lástima que no haya un servicio semejante con frases de Cervantes, de Vargas Llosa o de Carlos fuentes, pero aún así resulta bastante atractivo.
Así pues, si quieren acceder a Tecnoculto de una forma más “literaria”, no tienen más que dar click en la dirección:
Un grupo de científicos, comandados por Keisuke Goda, de la Universidad de California en Los Angeles, ha conseguido crear la cámara más rápida del mundo, capaz de tomar 6.1 millones de imágenes por segundo.
El mecanismo es algo complicado, y en vez de usar luz normal para iluminar el objeto usa lásers de diferente longitud de onda, una por cada pixel del sensor. Con tales velocidades de obturación, se hace innecesario cualquier mecanismo de estabilización de imagen, y no hay limitaciones para tomar fotografías en situaciones de completa obscuridad, ya que la cámara ilumina el objeto con la luz láser infraroja que emite.
Sin embargo, hasta el momento esta tecnología, denominada STEAM (serial time-encoded amplified microscopy), sólo ha sido usada a nivel microscópico y produce imágenes de 3,000 pixeles. No obstante, Gouda ha dicho que las bases están puestas, y no hay motivo para que en un futuro no se puedan tomar imágenes de muchos megapixeles a un ritmo de 100 millones por segundo con velocidades de obturación de 1 trillonésimo de segundo.
Pues a los rusos parecen gustarles los zombies, tanto que han organizado un desfile para mostrarlos al público y que éste se de cuenta que no son mitos, sino algo muy, muy real. Je, je.
Bueno, les dejo algunas foto y un video del evento.
Soy un mediano jugador de ajedrez (algo oxidado últimamente), pero adoro los ajedreces. Un buen tablero de ajedrez puede ser muy costoso y siempre he soñado con tener una de esas mesitas cuya superficie es un tablero, con piezas de marfil y toda la cosa. En algún tiempo me dio por comprar ajedreces, hasta que me di cuenta que no tiene sentido, que con uno basta. Pero bueno, el consumismo me da en esos terrenos, cuando no las compras compulsivas (impulsivas).
Sin embargo, éste ajedrez sí lo compraría, sólo para ver qué se siente jugar en este “escheriano” tablero. Hay que admitir que el tablero tiene mucho sentido: El rey y la reina en lo alto, dominando desde su atalaya el campo de batalla, y los peones más abajo, avanzando hacia el “fango” de la lucha cuerpo a cuerpo, las profundidades donde se llevan a cabo las acciones más crueles.